Visitar el puente suspendido más largo del mundo en Suiza, Charles Kuonen.

Una de las cosas que puedes hacer desde Zermatt, a parte de babear como un sabueso con el Matterhorn, es visitar en una excursión de una mañana, el puente suspendido más largo del mundo, el Charles Kuonen, que está en Randa, a pocos minutos de Zermatt.

En esta entrada, te ayudo a organizar tu viaje, contando nuestra experiencia.

Un poco de Historia:

Tras haber cerrado el antiguo puente (de 114 metros) por problemas de derrumbe en 2.010, en julio de 2.017, se inaugura el puente de Charles Kuonen, una auténtica obra de ingeniería en el mundo moderno, y que se conoce como Puente de Europa, pues con 494 metros de largo, constituye hoy en día, el puente suspendido peatonal más largo del mundo, por encima incluso del de China en Zhangjiajie, que construído sobre plataformas de cristal tiene una longitud de 430 metros, aunque en honor a la verdad el chino, está suspendido sobre 260 metros de altura, frente a los 85 metros del suizo.

Como llegar al puente de Charles Kuonen desde Zermat o Ginebra

En coche

Nosotros hicimos la visita llegando en coche desde Zermatt, en nuestro camino de regreso hasta Ginebra para tomar el vuelo de vuelta a Barcelona. También lo puedes hacer a la inversa

Desde Zermatt hay unos 20 minutos en coche y desde Ginebra unas dos horas y cuarenta minutos,aproximadamente. ( 230 km)

En tren: Puedes tomar el tren, bien desde Ginebra, bien desde Zermatt.

Desde Ginebra hasta Zermatt en tren son 3 horas y 45 minutos,  (10 minutos menos si paras en Randa) Son 46 CHF aproximadamente) Si vas a hacer varios viajes en tren porque estas recorriendo Suiza, puede ser que te compense sacar, la Swiss Travel Pass. Aunque nosotros, siempre que hemos ido a Suiza han sido escapadas, preferimos alquilar un coche e ir a nuestra marcha sin horarios.

Aquí tenéis los horarios disponibles, en la página de la Renfe suiza (SBB) www.sbb.ch

Donde aparcar el coche en Randa para visitar el puente de Charles Kuonen

Aparcar en Randa, no es tarea fácil, todo el pueblo está en cuesta arriba, y las calles son muy estrechas y empedradas. Está prohibido aparcar, salvo en un parking que hay al lado de la Oficina de Turismo, que tiene un precio de 7CHF por día, estés el tiempo que sea, te cobran el día entero. No tiene pérdida.

Oficina de Turismo de Randa, el parking es la esplanada de la derecha.

Todo el que haya ido a Suiza sabrá que es un precio muy bueno, y en este caso lo descubrimos después, y es una alternativa a aparcar en Tasch. En Zermatt no pueden entrar los coches, y lo habitual es aparcar en el último pueblo Tasch, y pillar desde allí el tren.

En este caso puede compensar aparcar en Randa, y desde allí ir en tren a Zermatt, pues el precio del parking en Tasch resultó ser el doble (14chf por día) y son sólo 10 minutos más.

Hay que pagar en la Oficina de Turismo, o bien dejar el dinero con el ticket en un sobre que hay cerca de la cancha de basket. Los suizos se fian. Aunque también llegan las multas como las primeras (aviso a navegantes) los rádares y multas de aparcamiento están a la orden del día.

Como llegar al puente colgante Charles Kuonen, una vez en Randa

Una vez que aparcas el coche, todas las indicaciones en el pueblo de Randa, te dirigen al puente o Hangebrücke (que es “puente colgante” en Alemán). Digamos que no tiene pérdida, es lo principal que hay que ver allí, pues es un pueblo pequeñísimo.

Vas siguiéndolas con la lengua fuera, por eso de las cuestas y tienes que contar con unas 3 o 4 horas, para hacer todo el recorrido de ida y vuelta. Pues ahora te explicó que es un trekking más bien duro.

Está pensado para ser un recorrido circular cruzando el puente, de unos 7 km, pero lo cierto es que es frecuente que haya una parte cerrada por el mal tiempo, y al final termines yendo y volviendo por el mismo sitio, como nos pasó a nosotros. Además dicen que la bajada desde el otro punto es más dificultosa todavía, aunque más corta.

Experiencia y dificultad del trekking hasta el puente de Charles Kuonen

Sin ser aficionada a la montaña, podría calificar la dificultad de la ruta, como de media o alta.

 

Cuando empezabamos la subida, y miramos hacia atrás inocentes de la que se venía encima.

He querido decir dificultad media, porque nuestra forma física y pericia con la montaña es más bien baja, y seguramente habrá senderistas y montañeros que les pueda parecer una pachanga, pero la realidad, es que nosotros nos dejamos los higadillos para subir….y somos dados a hacer trekkings. Es decir, para flojeras y vagos, es de dificultad alta.

Vamos a ser claros, esa subida es una gran piiiiiiiiiiii. (censuro la palabrota por si hay alguien leyendo el post en horario infantil) .

La ruta parece hecha para fastidiarte el día. O aquel día nosotros teníamos sueño y estábamos cansados y lo vivimos así…..que también puede ser…

El camino es en cuesta arriba, y está lleno de piedras montadas las unas encima de las otras. Hay que subir un gran desnivel, por lo que es imprescindible, zapatilla de montaña no resbaladiza y estar todo el rato mirando al suelo, donde pisas, para no romperte la crisma, así que el camino no se disfruta nada.

Se me hizo larguísimo, parecía que que no se acabaría nunca. Mi consejo de abuela, es que busquéis un par de palos, en el camino, y los utilicéis de apoyo para que las rodillas no sufran tanto. Además te va a dar menos sensación de vértigo, a medida q subas la pendiente.

Estos palos, que son una ayuda para la subida, son imprescindibles para que en la bajada no caigas en modo “escalabro”.

Cuando por fin los encontramos, fue como una bendición, algo caído del cielo. Además parece que había nacido para caminar con esos palos, ni hechos a medida.  Me acordé de nuestra marcha de #nordicwalk en Lloret.

Así, si que disfrute la bajada y hasta pude hacerme la valiente para mis “Stories de Instagram”.

Pero volviendo al relato de nuestra experiencia, reconozco que viví la subida como un auténtico calvario.

Y eso que he dejado de fumar…

Estuvimos a punto de abandonar….pero nuestro orgullo puede más que nuestros miedos, y no somos de dejar nada a medias. Por fin, después de poco más de una hora y media resoplando,vimos el puente de Charles Kuonen.

Esto es lo primero que vimos del puente de Charles Kuonen

Y ese sí que puede ser recordado como uno de los momentos más gratificantes del viaje, y en ese instante sí que mereció la pena, sobre todo porque nos sentimos orgullosos de haber podido alcanzar esta perspectiva y no haber abandonado influidos por nuestro cansancio y pereza. Nos quedamos flipando.

Al ver esa locura de puente, se me vinieron a la cabeza varias preguntas:

  • ¿Quién es el loco que ha tenido la idea de construir un puente aquí? Seguro que los ingenieros estaban liderados por un Suizo y un Vasco, que empezaron a apostar una noche de juerga
  • ¿Murió alguien mientras se hacía?,
  • ¿Cómo puñetas se las arreglaron para unir los dos extremos del puente sin descalabrarse?
  • ¿Y si empieza a soplar el viento mientras pasamos y el puente empieza a dar vueltas como una comba?
  • ¿Y si se me sube una cigüeña a la cabeza y pierdo el equilibrio?

Muchas preguntas sin respuestas alentadoras, ni reconfortantes en ese instante, reboloteaban, mientras contemplaba semejante obra de ingeniería en medio del monte.

Jordi asomandose desde el Puente de Charles Kuonen

Son casi 500 metros de puente suspendido, tardas unos 15-20 minutos a paso lento en cruzarlo, mientras haces fotos, y te agarras demasiado, para no pensar demasiado, que estas a unos 85 metros del suelo.

Por lo que es imprescindible que no tengas vértigo o miedo a las alturas para poder disfrutar del camino.

Caminito se hace camino al andar: Medio km de puente es de locos!

Personalmente, yo no tengo ningún vértigo, pero lo que es cruzar por encima de un puente que a la mínima que pase un grupo por detrás y haga algo de viento, empieza a moverse aunque sea un poco, realmente hace convencerme que la adrenalina no está hecha para mí. Las volví a pasar canutas. Pero esto si que es algo mío porque todo el mundo, incluído Jordi, cruzaba tan contento.

Lo peor fue cuando un grupito de graciosos (además tenían que ser españoles….) empieza a recorrer el puente.

Traté de recordar todos los mantras de yoga, y respiré hondo, para no mandarlos a tomar por ahí detrás. Como si fueran un elefante en una cacharrería, empezaron a moverse y reirse, haciendo bromas, sobre si el puente aguantaría o no saltos y demás tonterías.

Mientras, yo trataba de buscar un plan B, y me preguntaba si mientras caía al vacío desde 85 metros de altura, el chubasquero plegable del Decatlhon que llevaba en la mochilá podría servir de paracaídas, o bien sería mejor agarrarme como un koala a la baranda y quedar colgada de en el puente a lo Indiana Jones.

Entonces, tuve claro que ya eran demasiadas emociones por hoy, y decidí dar media vuelta….viendo que así al grupo de españoles, no le quedaría más remedio que retroceder para que yo saliera.

Ya no estaba disfrutando nada. Además la vuelta circular, por el otro camino, aquel día, estaba cerrada por previsión del mal tiempo y obras, así que se tenía que volver sí o si a retroceder por el mismo punto, con lo que no le vi aliciente al seguir cruzando.

Felices tras haber superado todos los obstáculos.

Cuando pasé cerca de los graciosillos sin gracia, pensé en darles un pequeño empujón de nada, así sin rencores, para devolverles el mal trago. El hecho de estar leyendo Maldito Karma de David Safier, frenó mis impulsos diabólicos, y tan sólo les dedique una miradita de reprimenda, tipo “ya os vale”.

Tras descansar y comer algo en el merendero que hay junto al puente, nos decidimos a bajar.

La bajada, ya con mis amados palos, que se adaptaron como si fueran una prolongación de mis manos y piernas, fue un camino de rosas. Así con la seguridad de tener un punto de apoyo menos endeble que mi “35 de pie”, sí que pude sonreír y disfrutar por fin, con esa satisfacción que te queda, tras haber superado y finalizado otra aventura.

Mientras bajábamos, con una sonrisa compasiva saludamos a todos los inocentes que subían…y les animábamos a seguir, y ta cuando estuvimos en la parte sin desnivel del principio, cedimos nuestros palos a unas italianas salerosas, que siguieron ilusionadas en busca del puente de Charles Kuonen.

Hay algo más suizo que esto?

Decir que no hay casi turistas, en comparación con Zermatt, ni un sólo chino. Eso también hace que se vaya con tranquilidad y no te sientas agoviado si durante la subida necesitas detenerte a recuperar fuerzas.

Que ver y hacer en Randa

Randa es un pueblecito encantador, de montaña, muy chiquito, y es en cuestas y empedrado. Me recordó a los antiguos poblados sami que se recreaban en Suecia. Se recorre en una media hora.

Calles de Randa

Sólo vimos un bar y un restaurante, tipo Food Truck, pero el paisaje de las montañas es precioso y la tranquilidad que desprende, me conquistó.

Puede ser una alternativa a los altos precios de Zermatt para alojarse, aunque sin duda, no hay ni el ambiente, ni la vista del imponente Cervino, con lo que si al final te lo puedes permitir, mi recomendación es que te alojes en Zermatt y pares a la ida o a la vuelta contando con unas tres horas entre subir y bajar, como hicimos nosotros.

Conclusión y opinión personal: ¿merece la pena cruzar el puente más largo de Europa?.

En esta vida, hay que vero todo como un coste de oportunidad, y al final si estas en Zermatt, te sobra una mañana, y eres muy amante de subir por la montaña, pues si merece la pena parar en Randa, para llegar hasta el famoso puente. Recuerda hacerte con unos palos, o llevarte bastoncitos de trekking.

Lo que tengo claro que el viaje hasta allí, es para ir al Zermatt y hacer cualquiera de las rutas de trekking, que te permiten disfrutar del Mattherhorn (Cervino), que es una maravilla para los ojos, y no vas a olvidar nunca por mucho que pasen los años.

Esta excursión, “gratuita” que eso dice bastante en Suiza, digamos que si no eres muy fan de las alturas, por la dificultad del acceso, a mi personalmente se me hizo tan dura y cuesta arriba, que no repetiré.

Otra panorámica desde el puente

No tanto por cruzar el puente que al final, si que merece la pena por todo lo que simboliza e implica, y te ayuda a vencer miedos. Sino por todo el camino hasta llegar, que no me pareció ni agradable ni bonito y resultó demasiado duro.

Quien  sabe, quizá en algunos años habilitan senderos más curiosos para llegar y se puede disfrutar de otra manera la subida hacia el puente suspendido Kuonen.

Eso sí, reitero que una vez llegas allí es emocionante, impactante…¡de locos! Suizos tenían que ser.

Desde cualquiera de los ángulos laterales, y mientras lo estas cruzando, la sensación es de sentirte muy pequeñito frente a la inmensidad de las montañas y el bosque.

Para tranquilidad de todos, no es obra de Calatrava, y hasta ahora no se han registrado accidentes ni caidas.

Así que, una vez compartida nuestra experiencia, ya tenéis las herramientas para decidir por tí mismo, si quieres experimentar qué se siente cruzando el puente suspendido más largo de Europa: el Charles Kuonen de Randa.

XoXo.

Pilar On Board.

 

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